El poder de elegir

"Si realmente quiero mejorar la situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo" - Stephen Covey

En el día a día inevitablemente nos relacionamos con otras personas, algunas de las cuales no se comportan o actúan como nos gustaría.


Igualmente ocurren circunstancias. Algunas nos son más favorables para nuestra visión de la vida, más cómodas o satisfactorias. Otras, por el contrario, son desfavorables, incómodas, retantes.


Cuando hablamos de circunstancias, nos podemos referir por ejemplo al clima, al tráfico, a madrugar para ir a trabajar, a una multa o factura inesperada.


Y cuando eso ocurre, ¿cuál es tu primer pensamiento?


Como mencionábamos en el post anterior sobre Programación Neurolingüistica la inmensa mayoría de nuestros pensamientos son negativos, y cuando vivimos una situación adversa, por tanto nuestro piloto automático va a reaccionar en negativo: mal humor, enfado, rabia, frustración, indignación…


Ponemos nuestra atención en buscar un culpable, en justificarnos o en defendernos, criticamos a las personas que no se han comportado como esperábamos. Es decir, nos consideramos las VÍCTIMAS.


La corriente psicológica del Determinismo, de Pavlov, es lo que dice: que en base a nuestra genética, nuestra educación o en base a nuestras relaciones, ante un determinado evento se puede predecir cuál va a ser nuestra reacción.


Voy a poneros un ejemplo de cómo desde pequeños nos educan para reaccionar así, a poner el foco fuera de nosotros y a buscar culpables, para que otros nos apoyen. Cuando un niño pequeño se tropieza, y se da un golpe con una mesa cualquier otro objeto, lo más probable es que detrás vaya la madre, o el padre, o uno de los abuelos y le diga algo del tipo: “pobrecito mi niño, mesa mala, mesa mala”. Y el niño repite la expresión: “mesa mala”.

Cuando el niño crezca, y vuelva a hacerse daño de alguna forma (física o emocionalmente) lo más probable es que culpe a aquello que le ha hecho daño.


No estoy diciendo que esto sea “bueno” o “malo”. Pero cuando ante un fracaso, un fallo del tipo que sea, reaccionas y pones tu atención fuera de ti, buscando culpables, no hay aprendizaje. Seguro que has escuchado la expresión “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.


Frente a esta corriente, tenemos la Proactividad. Ser proactivo va mucho más allá de tener iniciativa, que es a lo que muchas personas lo asocian. Ser proactivo es uno de “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” (1989) de Stephen Covey, un libro magnífico e imprescindible si quieres desarrollar tu eficacia personal y que te apoye a lograr todo aquello que sea importante para ti, así como a fortalecer tus relaciones o a crear otras nuevas y valiosas del que hablaremos en próximos posts.

Como seres humanos tenemos la capacidad de elegir cuál va a ser nuestra respuesta ante cualquier circunstancia.

Voy a contarte la historia de Viktor Frankl, psiquiatra, neurólogo y filósofo austríaco y autor del libro “El hombre en busca de sentido” (1946), como ejemplo de a qué nos referimos con esto. Fue deportado en 1942 a un campo de concentración y hasta 1945 pasó por cuatro campos de concentración distintos, incluyendo Auschwitz. Perdió a su esposa y a sus padres además de otros familiares y amigos.


Pero gracias a esa experiencia Viktor Frankl nos dejó un aprendizaje a través de su libro. Él no podía elegir estar o no estar en el campo de concentración, ni la actitud de los soldados nazis, ni si pasaba hambre o frío, ni la guerra. Lo único que estaba en su mano, lo único de lo que él era responsable y sobre lo que tenía poder, era sobre la actitud que él mostraba a sus compañeros, sobre cómo pasaba sus días. Lo que nadie le podría quitar nunca era ser la persona que el quería ser, la confianza en sí mismo.


Cuando nos referimos a responsabilidad, estamos hablando de todo lo contrario a victimismo o buscar culpables. Hablamos de parar y mirar.


Parar tus pensamientos, parar a tu piloto automático. Mirar de forma consciente (una vez más, ser consciente es la base de todo) dentro de ti para ver qué ha funcionado, qué no ha funcionado, que podría haber hecho distinto. Mirar quién has sido una vez más en tu vida, o qué manera de ser te ha funcionado. Mirar qué pensamientos o creencias limitantes han vuelto a estar presentes, y cuáles estás comprometido a transformar para no volver a tropezar con la misma piedra.


Ya lo dijo Stephen Covey:

“Si realmente quiero mejorar la situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo".

Nadie tiene el poder de cambiar las circunstancias, ni de cambiar a otras personas. No podemos obligar a nadie a que nos diga aquello que nos agrada. No podemos cambiar el clima, ni el hecho de tener veinticuatro horas diarias.


Tu poder y tu libertad radican en elegir cómo actuar ante las adversidades para poder lograr tu visión de la vida.



¿Te falta tiempo? Puedes seguir quejándote o probar a gestionarlo de manera diferente y aprender a hacer un uso más eficaz del mismo.


¿No tienes dinero? Culpa a la situación o pregúntate qué habilidades posees y de qué forma las puedes enseñar a otros y generar ingresos extras.


¿No te gusta tu trabajo? Sigue criticando a tu jefe, o aprende a aceptarlo y a dar lo mejor de tí. O deja ese trabajo y monta la empresa que siempre has soñado.


¿Está lloviendo? Quéjate del chaparrón que te está cayendo o baila bajo la lluvia con un paraguas de colores. ¡O sin paraguas!


VICTIMA VS RESPONSABLE. ¿Quién vas a ser tú a partir de hoy?

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